La piratería es una de las amenazas constantes para la propiedad intelectual, tanto en el comercio tradicional como en el digital. Anteriormente, la piratería se manifestaba en la importación y distribución de grandes cantidades de objetos falsificados transportada en contenedores que aprovechaban las ventajas de este tipo de medios para moverse sin importar las fronteras de cada país. Estos productos falsificados -desde ropa y accesorios hasta productos electrónicos- inundan hasta la fecha los mercados ilegales, causando enormes pérdidas económicas y dañando la reputación de las marcas legítimas. No obstante lo anterior y con el paso del tiempo, quienes se dedican a estas actividades ilícitas han venido adaptado sus métodos a las circunstancias que se han producido con el advenimiento del comercio electrónico, especialmente después de la disrupción que causó la pandemia de Covid-19: hoy en día, muchos traficantes optan por realizar envíos en cantidades menores a través de servicios de mensajería, además de dispersar esos envíos a través de diversos puntos de entrada al país para evitar la detección por parte de las autoridades; incluso han evolucionado hasta utilizar tecnología electrónica de punta para comercializar tanto productos como contenidos ilícitos, llegando a utilizar métodos como los “hidden links” para estos fines, los cuales presentan nuevos desafíos para la protección de los derechos de autor y la propiedad intelectual.

Para empezar a entender mejor este fenómeno, es crucial diferenciar entre piratería y falsificación, términos que a menudo se confunden: Cuando nos referimos a la “piratería” de derechos de propiedad intelectual, en realidad estamos indicando que existe una infracción a los derechos de autor, es decir, conductas como la reproducción, distribución, exhibición o uso no autorizado de obras protegidas como libros, música, películas y/o los personajes que aparecen en ellas, así como programas de cómputo -software- y obras de arte. En cambio, al mencionar el término “falsificación”, estaremos indicando la producción, distribución o venta de productos que infringen marcas registradas al reproducir y utilizar estas últimas en productos físicos que no son ni fabricados ni autorizados por su legítimo titular, ya sea ropa, accesorios y productos electrónicos, etc., independientemente del medio utilizado para la comercialización de estos productos.

Ambas prácticas impactan significativamente a los titulares de derechos de propiedad intelectual, causando pérdidas financieras, dañando la reputación de las marcas y socavando la innovación. Además, son perjudiciales para los consumidores, ya que suelen asociarse con productos de baja calidad que pueden ser peligrosos al no cumplir con los estándares de seguridad y calidad necesarios.

Especial mención nos merece la evolución que ha tenido la piratería en el medio digital, desde  sus inicios mediante servicios como Napster y Kazaa, los cuales permitían a los usuarios el intercambio de archivos digitales con música, películas y software de forma gratuita, hasta las formas más sofisticadas que tenemos en la actualidad, los cuales han y siguen generando graves afectaciones económicas a la industria del entretenimiento, a pesar de que tanto autoridades como empresas han tomado medidas enérgicas en contra de estas prácticas, lo que ha implicado el cierre de muchos servicios digitales tanto como el surgimiento de nuevas formas de piratería en línea.

Así, una modalidad reciente y preocupante es la proliferación de los “hidden links”, que consiste en publicar enlaces o ligas con direcciones electrónicas (URL) a sitios web que ofrecen contenido pirata para disfrute y descarga de quien acceda a ellos, con la finalidad de que esas ligas no son incluidos ni detectados a través de motores de búsqueda convencionales: estos enlaces suelen estar ocultos en foros de internet, redes sociales, grupos de intereses específicos u otros sitios legítimos, en donde para que sea posible acceder al contenido ilegal, los usuarios deben seguir pasos específicos, lo que dificulta su detección por parte de las autoridades y las empresas. Un ejemplo típico sería un foro privado donde los usuarios comparten enlaces a películas recién estrenadas. Estos enlaces no aparecen en una búsqueda normal de Google o de Bing y están protegidos por contraseñas o requerimientos de membresía, lo que complica las posibles acciones legales por parte de los titulares afectados.

Combatir la piratería, especialmente en su forma más reciente, requiere un enfoque integral que combine esfuerzos legales, tecnológicos y educativos. Las leyes deben ser fortalecidas y adaptadas a las nuevas realidades digitales, y es esencial la colaboración internacional para rastrear y cerrar sitios que operan fuera de las fronteras nacionales. Además, es importante imponer sanciones severas a los infractores para disuadir su participación en actividades de piratería.

Desde una perspectiva práctica, es crucial utilizar tecnologías avanzadas de monitoreo y análisis de datos que permita la detección, identificación y seguimiento de “hidden links” para su remoción. También es necesario implementar campañas educativas que informen a los consumidores sobre estas modalidades, así como los riesgos y consecuencias de la piratería, promoviendo el consumo legal de contenido. Asimismo, la colaboración con empresas de tecnología y proveedores de servicios de internet es fundamental para identificar y eliminar contenido pirata o los enlaces que conducen a este, especialmente en plataformas de comercio electrónico y redes sociales, que son las formas más comunes de esta nueva modalidad.

La piratería en línea ha evolucionado significativamente, adaptándose a los cambios tecnológicos y las estrategias de aplicación de la ley. La aparición de modalidades sofisticadas como los “hidden links” presenta desafíos únicos que requieren respuestas innovadoras y colaborativas. Sin embargo, no estamos indefensos ante este problema.

La lucha contra la piratería es una tarea continua y desafiante, pero con esfuerzos concertados y una estrategia bien definida, es posible mitigar su impacto y proteger tanto los derechos de los creadores como los intereses de los consumidores. Promover un entorno digital seguro y legal no solo beneficia a la industria del entretenimiento y la tecnología, sino que también contribuye a una economía más justa y equitativa, fomentando la innovación y la creatividad.

En definitiva, la transformación de la piratería y la aparición de los “hidden links” subrayan la necesidad de mantenerse un paso adelante en la protección de los derechos de propiedad intelectual. Con determinación y colaboración, podemos construir un futuro digital donde la piratería sea una excepción y no la norma, asegurando que los creadores reciban el reconocimiento y la compensación que merecen por su trabajo.

 

José Carlos Ramírez Mucharraz

jcramirez@uhthoff.com.mx